Estudios sobre el silencio. -Entrega 1-

El silencio en la radio es un sonido, escúchalo.
José Joaquín Brotons,periodista español

Partamos de una base. El silencio no existe. El silencio siempre está contenido en algún tipo de sonido. Hagamos el ejercicio: paremos a escuchar, busquemos el silencio. Los momentos en que pensamos que lo hallamos son momentos con menos carga ruidosa, o con menos aceleración en los estímulos sonoros, pero siempre con algo sonando.

“El silencio como algo no absoluto, nos permite identificarlo como un elemento, una cosa, que se quita, se agrega, se expande y se modifica, y como tal, potenciarlo como herramienta discursiva, ya sea para la música, como para la radio.”

John Cage sigue revolucionando la radio y la música con su obra 4’33, interpretada en vivo, en la que el músico simplemente sale al escenario y se queda quieto, sin tocar su instrumento. Sin hacer nada. La obra sucede fuera de él, en el entorno, en los obligados 4’33 de atención y ¿silencio? Cage demuestra que el momento de concentración y respeto máximos cuenta también con microsonidos, con microrruidos sobre los que quiere llamar la atención: respiraciones, comentarios, las sillas, el eco mismo del teatro. Lo que envuelve a la obra, su contexto. Y muestra cómo el silencio como tal no existe, y eso a lo que llamamos silencio puede provocar emociones y sensaciones que ningún sonido o ruido podrían: ¿qué más agresivo que esa quietud? ¿Qué más movilizante, misterioso, angustiante, o ameno, según el humor de cada oyente?

Cage, obsesionado por encontrar el silencio puro, se encerró en una cámara insonorizada en el medio del desierto. Se frustró. Él mismo era oyente y también una máquina de hacer ruidos: sus latidos, sus entrañas, su respiración. El silencio, para él, era longitud temporal, el lapso temporal que se encuentra vacío, pues el silencio, es posibilidad (Sofía Cortez Maciel, Palpar en desnudo silencio, Rojo Siena editorial, Guerrero, México, 2012). El silencio es tiempo, es devenir lleno. Lleno de posibilidad.

Por esto, tomemos al concepto de silencio como una construcción, como una convención, que nos permite saber a qué nos referimos, sin dejar de entender que el silencio absoluto no existe. Tomemos entonces al silencio no como una ausencia, sino como una presencia. Es más: como la presencia de una ausencia, como una detención dentro del ruido. No como la ausencia de color, sino como una pintada blanca sobre mil colores. No una carencia, sino una pesada sumisión del ruido, un grito distinto que desgarra por negación. Como tal, es un algo, un algo que propone el efecto de una nada limitada, convencional, acordada. El silencio como algo no absoluto, nos permite identificarlo como un elemento, una cosa, que se quita, se agrega, se expande y se modifica, y como tal, potenciarlo como herramienta discursiva, ya sea para la música, como para la radio.

Estudios sobre el silencio. -Entrega 1-

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