INDAGACIONES SOBRE EL PODCAST

La historia de Serpal: ¿el proto-podcast?

La radio ya se distribuía por suscripción y en forma grabada antes de la Internet.

El podcast

Hace tiempo que nos venimos preguntando qué define al podcast. Más como un ejercicio de descubrimiento que otra cosa. Hemos podido sostener que podrían identificarse algunas épocas y formas de entenderlo dependiendo de varios factores, lo que resulta en una forma de clasificarlos en: podcast pieza sonora, podcast magazine y podcast storytelling.

También hemos visto que pareciera haber dos perfiles para entender qué es podcast: uno definido por sus características tecnológicas (contenido de radio grabado y disponibilizado para su uso asincrónico) y otro que responde más a entenderlo como un movimiento, como una familia de formas narrativas, más allá de que comparten con otros contenidos que no son percibidos como podcast las mismas características formales (contenido de radio grabado y disponibilizado para su uso asincrónico).

Por eso entendíamos que es crucial la lectura desde la escucha, condicionada por la forma en que cada contenido se presenta, sumado a un sentimiento de pertenencia a algo así como un movimiento o fenómeno: hace podcast quien siente que hace podcast; hace radio grabada quien siente que hace radio grabada, aunque en esencia funcionen del mismo modo.

Pues bien, en ese camino de preguntarnos qué define al podcast, podríamos mencionar algunas características propias que no tienen el resto de las expresiones radiofónicas (¿o sí? Lo veremos): un contenido que utiliza los elementos del lenguaje radiofónico, generalmente seriado, empaquetado para una escucha asincrónica y al que se llega por suscripción. Como toda definición, tiene sus excepciones; y nos gusta tensionarlas. Por eso rápidamente llegamos a reconocer experiencias muy previas al fenómeno del podcasting, pero que comparten en esencia estas características que hoy podrían definirlo. ¿Estamos hablando entonces de algo que podríamos llamar proto-podcast? Las producciones de Serpal, por ejemplo, cumplen con todos los requisitos para que hoy las redescubramos como tales. Pero mucho antes de que la Internet y todo esto explotara.

La historia

En la década del 60, Franziska Moser y Elena Otero encararon un proyecto desde Munich para producir contenidos para las radios de toda América Latina, de motivación católica. Le llamaron SERPAL, Servicio Radiofónico para América Latina. “Los primeros que enviaban eran aburridísimos: noticias de Alemania que a nadie le interesaban de este lado del mundo”, nos cuenta José Ignacio López Vigil, coordinador de Radialistas y autor de varias radioseries. Entonces el jesuita uruguayo Manuel Olivera les recomendó hacer los contenidos más atractivos. Y para eso les presentó a Mario Kaplún, productor radiofónico de Montevideo. A partir de allí, todo iba a cambiar.

Pongámonos en contexto: “En aquella época la Iglesia Católica tenía muchas emisoras en América Latina en una onda progresista”, nos señala López Vigil. Es que un sector de la Iglesia verdaderamente estaba preocupada por los sectores populares: en 1963 se había producido el Concilio Vaticano II; la conferencia Episcopal de Medellín de 1968 habló en sus documentos conclusivos de emancipación, liberación e integración; estaba en pleno apogeo la teología de la liberación y la opción por los pobres.

Es así como el proyecto calzaba perfectamente con esa idea y ese atractivo que podía darle Kaplún a los contenidos radiofónicos. Lo primero fue la radionovela “El Padre Vicente”. Sus series pronto se volvieron clásicos y tuvieron gran repercusión en las radios comunitarias y populares del continente. Pero ¿cómo era el proceso de producción a distancia en épocas en las que no había Internet? Franziska y Elena coordinaban desde Munich la producción. En Montevideo se grababan las voces y se enviaban los masters a Bogotá. Allí, en las oficinas de la pionera Radio Sutatenza, se prensaban los discos en vinilo.

El proto-podcast

Pero volviendo a la idea del proto-podcast, ya tenemos contenidos sonoros seriados con los elementos del lenguaje radiofónico, grabados, editados y empaquetados. ¿Y la distribución por suscripción? Pues las radios se suscribían a Serpal para recibir los materiales de forma gratuita: “tenían un fichero y con agujas de tejer ingresaban y clasificaban todas las emisoras que querían recibirlos. También parroquias, facultades, grupos, que se suscribían de forma gratuita y recibían los materiales”, describe López Vigil.

Tenemos entonces contenidos radiofónicos grabados y empaquetados, distribución gratuita y un RSS analógico: cuando había series nuevas, les llegaban a los suscriptores: “Con discos de vinilo se enviaban algunos capítulos, no podían enviarse todos juntos. Ya con los cassettes fue más fácil enviar por correo las series enteras”, recuerda López Vigil. Aún en los tiempos del vinilo, se implementaron coordinadores nacionales, encargados de hacer la distribución de los discos que llegaban de Munich. Cuando se comenzó a usar el cassette, se multiplicaron los puntos de copiado, puesto que su replicado era más sencillo.

Las series tenían gran éxito. Y el sistema de producción y distribución también. Los inconvenientes vinieron por el lado ideológico. El primer problema fue con otra serie de Mario Kaplun, “Jurado número 13”, una serie en la que el pueblo ponía en el banquillo a las principales problemáticas de América Latina (y aún tiene vigencia escucharla): “Un trabajo que requirió muchísima investigación sobre las distintas realidades de nuestros países”, cuenta López Vigil. “Cuando se prensaron los programas de Jurado 13, el director de Radio Sutatenza, el padre Salcedo, se molestó. Dijo que eran programas subversivos, comunistas. Algo parecido habían dicho los militares en Montevideo y entonces prohibió el prensado y la distribución desde Radio Sutatenza”.

Sin embargo, se siguieron distribuyendo los programas de Jurado 13. También se siguieron creando otras series para radios del continente. Hasta una serie de 1980 que puso muy nerviosos a los sectores conservadores de la Iglesia. Así lo cuenta José Ignacio López Vigil:

“Hasta que llegó Un tal Jesús, la buena noticia contada al pueblo de América Latina, una serie de mi hermana María y yo. La patrocinó Serpal, se grabó en Madrid, se comenzó a distribuir en paquetes de 38 cassettes, complicados de enviar. El problema mayor, sin embargo, fue con la Iglesia que condenó la serie. Alfonso López Trujillo, cardenal de infeliz memoria, promovió la censura y todas las Conferencias Episcopales latinoamericanas la prohibieron. Desde el Vaticano, Juan Pablo II y algunos cardenales de los que no me quiero acordar, quebraron Serpal. Le quitaron fondos, la denunciaron como herética y comunista. Y ese fue el final de la mejor productora de educomunicación en radio de América Latina”

Los curas conservadores fundaron tiempo después SERTAL, que hizo alguna serie sin ningún impacto. Mucho después del cierre de Serpal, Elena y Franziska consiguieron algunos recursos y financiaron la serie “Cien mujeres en conflicto”.

La posta

Pero ¿qué pasó con el método ya instalado y probado para distribuir contenidos sonoros en radios del continente? Luego del cierre de Serpal, la posta la tomarían otras organizaciones como AMARC, ALER y Radialistas, con mega series como “Un paisano me contó”, “Otro Dios es posible”, “500 eng-años”, “Noticias de última ira”: “en AMARC mandábamos cassettes. Los cds llegaron recién a finales de los 90. Con Radialistas empezamos en el 2000 con dos tipos de envíos: Internet y cds. Llegaron a ser 24 mil suscriptores que recibían dramatizados que se despachaban diariamente”, cuenta López Vigil que estuvo en todos esos procesos.

¿Y qué pasó con las series de Serpal?: “Personalmente fui a Munich a recoger en una maleta los masters de las series de Serpal. Regresé a Lima, compramos un tocadiscos y con Santiago García las digitalizamos para subirlas todas a Radialistas para que no se perdieran. Está todo subido en nuestra web”. Es así como estos proto-podcasts hoy están disponibles como verdaderos podcasts, acaso predestinados por su forma de concepción a habitar todos los soportes y territorios, a pesar de la censura. De aquellos curas que ahogaron Serpal nadie se acuerda. De las series sí, y están allí más vigentes que nunca.

Foto cedida por José Ignacio López Vigil: los cassettes de la serie Un tal Jesús.

Proximamente, escuchá la serie del CPR sobre la historia de Serpal.

La historia de Serpal: ¿el proto-podcast?

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