La radio cumple 99 años

La historia de Los Locos de la Azotea y la primera transmisión de radio. Artículo originalmente publicado en la revista mexicana Zócalo, agosto de 2015.

LOR Radio Argentina. Señoras y señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Ricardo Wagner, Parsifal, con la actuación del tenor Maestri, la soprano argentina de Sara César, el barítono Rossi Morelli y los bajos Chirino y Paggi, todos bajo la dirección de Félix von Wingartner, secundados por el coro y orquesta del Teatro Constanzi de Roma…

El 27 de agosto de 1920 estas palabras flotaron por el aire de una Buenos Aires vibrante de cultura, ciencia y política. Era una noche fría y lluviosa. Cuatro jóvenes intrépidos, jugando con mucha seriedad, daban el puntapié inicial a la historia de un medio entrañable. Era la primera transmisión de radio a nivel mundial.

El grupo estaba liderado por Enrique Telémaco Susini, un médico de 29 años interesado por la tecnología y muy vinculado a la efervescencia mundial en torno a la transmisión inalámbrica de sonidos. Lo acompañaban tres estudiantes de medicina: Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza.

Los Locos de la Azotea, como pronto fueron bautizados, colocaron un micrófono en el techo del teatro Coliseo, y una antena en la terraza de la casa de remates del padre de Guerrico, muy cerca del teatro, con un transmisor de apenas 5 vatios. El micrófono estaba hecho con la adaptación de un equipo de ayuda para hipoacúsicos (Susini era otorrinolaringólogo). Así, transmitieron la ópera Parsifal de Wagner a cincuenta aparatos receptores repartidos en algunas privilegiadas casas. Aunque algunas crónicas hablan de que fueron solo veinte. Así y todo, el suceso se convirtió en noticia enseguida, como lo refleja la crónica de Miguel Mastrollane en el diario La Razón, al día siguiente de la transmisión:

Es posible que mucha gente ignore una cosa simple y a un mismo tiempo maravillosa. Disimuladas entre chimeneas, tubos de respiración, soportes de hilos telefónicos y cables eléctricos, desparrámase por los techos de las casas de la ciudad, sensible y alerta un buen número de antenas de radiotelegrafía. Corresponden a otros tantos aparatos receptores y transmisores de la onda marconigráfica, de uso particular y autorizados todos. Alguien tuvo la feliz idea de colocar en lo alto de la sala del Coliseo un micrófono potente. Y anoche, una onda sonora onduló vermicular, de las 21.00 a las 24.00 por el espacio, como cubriendo con su sutil celaje de armonías –las más caprichosas, ricas y grávidas de nobles emociones– la ciudad entera. Y por tres horas, no sólo aquellos iniciados en el secreto, sino cuantos por razones de oficio o en virtud de la casualidad –marinos de barcos que disponen de aparatos, operadores de estaciones radiotelegráficas, esclavos todos de la escucha– tuvieron el regalo de la audición de Parsifal, la obra maestra de Wagner, que se interpretaba en el teatro precitado. Diversas capitales cuentan con una organización que se titula ‘teatrofón’, cuyos abonados, mediante un aparato telefónico, disfrutan de audiciones musicales, de conferencias y discursos. Lo de anoche fue algo más que eso: a la maravilla científica sumóse la delicadeza conmovedora que entrañó el pensamiento de quienes lanzaron al espacio, sin finalidad interesada alguna, todo el tesoro estético que se encierra en la partitura de Wagner. Buenos sembradores, echaron puñados de emoción al espacio para que los recogiesen cuantos de ella pudiesen tener hambre y sed. Y a fe que los beneficiados habrán podido creer que esas notas divinas venían del cielo…

Otras transmisiones le disputan a la de Los Locos de la Azotea los laureles de ser la pionera. El canadiense Reginald Fessenden transmitió desde Massachusets durante la navidad de 1906 su ejecución del violín y la lectura de un pasaje de la Biblia. La transmisión pudo ser captada por algunos buques. La radio norteamericana KDKA tenía todo listo para iniciar transmisiones antes que los argentinos, pero por una cuestión de permisos, solo pudo hacerlo recién el 2 de noviembre de 1920. El mítico Guillermo Marconi, uno de los desarrolladores de la tecnología radiofónica emitió el 19 de mayo de 1920 desde su estudio en Nueva York la voz de una cantante, y había hecho decenas de emisiones experimentales.

Lo que la diferencia de las mencionadas es que la argentina fue pensada como un proyecto con continuidad y regularidad. No fue una transmisión esporádica experimental, sino que fue el comienzo de Radio Argentina, la primera emisora sostenida en el tiempo. Y no fue una transmisión con fines bélicos o de radioaficionados, sino la primera pensada para entretenimiento y para un público general. Por tanto, fue la primera experiencia de broadcasting tal como lo conocemos en la actualidad. Ahora bien, una radio en Canadá, la XWA había comenzado a transmitir meses antes y también le dio continuidad a la emisora.

Pero en el Primer Congreso Mundial de la Radio, realizado en 1934 en Buenos Aires, se acordó establecer el 27 de agosto como el día mundial de la radio. Hoy se ha sumado el 13 de febrero, establecido por UNESCO en 2011 por ser la fecha de la primera transmisión en 1946 de la radio de Naciones Unidas.

En 1910, Guillermo Marconi visitó Argentina, donde instaló una antena telegráfica en la localidad bonaerense de Bernal, con la que pudo comunicarse con Canadá e Irlanda. El fenómeno causado por la visita de Marconi, interesó en estos temas al grupo de Susini, lo que desembocaría diez años después en la experiencia pionera de la radiofonía mundial.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Susini viaja a Francia enviado por la Marina, a donde había ingresado en 1916 como médico. La misión era investigar los efectos de los gases asfixiantes. Susini, quien ya era radioaficionado, aprovechó para hacerse de partes de los equipos de radio de los ejércitos francés e italiano, los cuales ingresa a Argentina escondidos en su sobretodo, y que servirán para el armado del primer transmisor.

De 1920 a 1925 funcionó Radio Argentina bajo las decisiones del Dr. Susini y los suyos, transmitiendo obras desde el Coliseo, pero también desde el Teatro Colón o el Cervantes. Entre otras de las locuras de estos emprendedores también figura el experimento que realizaron en 1922, cuando transmitieron a la cantante Ninón Vallín, ubicada en el teatro Coliseo, a un público que escuchó todo su espectáculo sentado en el teatro Cervantes.

En 1925 decidieron vender la emisora. Para entonces, ya existían muchas más radios en Argentina, no solo en Buenos Aires, sino también en el interior del país. Esto no significó para nada el abandono de la radiofonía. Susini, primer locutor de la historia de la radio por ser quien pronunció aquellas palabras en 1920, también descubrió que implementando le propagación de ondas cortas (hasta el momento se trataba de ondas medias), se podría llegar mucho más lejos. Luego de la venta de Radio Argentina, se dedicó a investigar la posibilidad de la onda corta y a buscar apoyos, mismos que aparecieron en España, desde donde pudo empezar a desarrollarla. En sus palabras, publicadas en 1990, 18 años después de su muerte:

Nuestro mayor interés ya en aquel momento, era desarrollar la onda corta en oposición a las grandes empresas mundiales que lo hacían en ondas largas. Ya al transmitir desde el primer momento nuestra estación del Coliseo ocupó un lugar en lo que se definió como ondas medias, posición que se respetó en todas las broadcastings del mundo. Nuestros estudios posteriores demostraron que en ondas más cortas la propagación era muy superior y así imaginamos un sistema de transmisión mundial de radiotelegrafía y radiotelefonía en onda corta. En el año 1925 vendimos Radio Argentina en una suma que para entonces era muy importante, que fue a parar inmediatamente a acrecentar el tráfico con Brasil que manteníamos en forma experimental al mismo tiempo que iniciábamos nuestras gestiones para obtener un permiso de tráfico internacional. Si bien no fue nada fácil conseguir este permiso, cuando quisimos obtener el correspondiente en Europa, se hizo de una dificultad casi absoluta. Viajaba yo de una capital a otra y sabía que me seguían competidores que no estaban dispuestos a que un pobre argentino viniera a disminuir sus tarifas. Conseguí entrar en España y a través de ella en Europa, y así pudimos crear y poner en marcha el primer equipo internacional de radio y radiotelefonía en onda corta.

Por si fuera poco, Susini inventó el estalagmómetro, un aparato para diagnosticar tumores. Introdujo la foniatría en la Argentina, ya que se especializó en otorrinolaringología en Viena. Fue discípulo de Louis Pasteur. Atendió como médico algunas gargantas privilegiadas como las de María Callas, Enrico Caruso y Carlos Gardel. Recibió el halago de Albert Einstein quien se refirió a él como “una de las primeras inteligencias argentinas”. Llegó a dirigir el Teatro Colón y la Scala de Milán, entre otros. Escribió cerca de sesenta obras de teatro. Fue director de cine (en 1933 estrena Los Tres Berretines, segunda película sonora argentina). Y hasta fue director de cámaras en la primera transmisión televisiva de la Argentina, el 17 de octubre de 1951.

El resto de Los Locos de la Azotea no se quedaban atrás. Luis Romero Carranza, de muy joven, ya había sido obligado por las autoridades en 1914 a desmontar una antena que tenía en su casa. Fundó la primera fábrica de celuloide para cine, y patentó antes que la RCA Victor el sistema para agregarle sonido a las películas. César Guerrico llegó a ser un médico de renombre, y además director de Radio Splendid, una de las más importantes de la historia argentina. Miguel Mujica llegó a ser gerente del proyecto de onda corta que vinculó Buenos Aires con España, hasta 1936, momento en que la guerra civil española truncó el emprendimiento y destruyó literalmente la estación receptora de Madrid. Allí Mujica se dedicó a asistir médicamente a los heridos de la guerra. Tiempo después llegaría a ser ministro de Comunicaciones de la Argentina.

La radio, entonces, comienza por el ímpetu de cuatro locos aficionados, y comienza fuera de la ley y a pesar de ella, sin fines comerciales sino culturales, y basando todo el emprendimiento en la empatía entre la tecnología y su uso creativo. Haciendo lo que era considerado extraño, temerario, innecesario. Estando un paso más allá de lo aparentemente dado. Solo así se gestan los inventos importantes de la humanidad. Hoy, 95 años después, sus lecciones nos siguen sirviendo. Celebramos a este medio inigualable, que como el junco de la canción, se dobla pero siempre sigue en pie.

Fuentes utilizadas:

Bosetti, Oscar E. (2004). La radio en la Argentina: la obstinada vigencia de un medio invisible. En Encrucijadas, no. 28. Universidad de Buenos Aires. Disponible en el Repositorio Digital Institucional de la Universidad de Buenos Aires: http://repositoriouba.sisbi.uba.ar

Bosetti, Oscar E. (2007). La radio en Argentina. En Merayo, Arturo. (2007). La radio en Iberoamérica: evolución, diagnóstico, prospectiva. Comunicación Social ediciones y publicaciones. Sevilla.

Demaría, Viviana y Figueroa, José. Los Locos de la Azotea. En http://www.revistaelabasto.com.ar/146-los-locos-de-la-azotea.htm

Descargar artículo original de la revista Zócalo

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