¿Puede el radioarte tener fines sociales?

¿Mera experimentación sonora o posibilidad de contar la realidad?

¿Mera experimentación sonora o posibilidad de contar la realidad? Por Francisco Godinez Galay – CPR


Primero es necesario contestar la alegre pregunta: ¿qué es el radioarte? Lindo lío en el que nos hemos metido. Podemos decir que es la gran bolsa dentro de la cual podemos incluir todo contenido que de algún modo –bastante laxo- se base en la experimentación sonora.

De este modo, podremos encontrar producciones que son llamadas paisajes sonoros, puentes sonoros, poesías sonoras, música experimental. Se diferencia de la música en que no depende solo de ella para existir. Un radioarte puede ser solo hecho a base de voces. O yéndonos un poco más allá, en base a silencios. El radioarte explota a voluntad los elementos del lenguaje radiofónico. El radioarte sería como la expresión radiofónica más pictórica de todas.

Ahora bien, para entrar a la pregunta acerca de si puede existir un radioarte con fines sociales, lo primero que diremos es que cualquier expresión artística tiene fines sociales. El mero disfrute de la belleza, de una estética, cumple una función social insoslayable para la vida humana. Ok, eso está claro. Pero nos referimos a otra cosa: ¿puede el radioarte comunicar conceptos y temáticas de interés social?

Para contestar esto, e intentar una vez más mantener a raya nuestra esquizofrenia gracias a las clasificaciones, los parámetros y las definiciones, vamos a decir que podemos hablar de radioarte abstracto y radioarte concreto.


Los radioartes abstractos serían los contenidos radiofónicos meramente experimentales, que se basan en el jugueteo con los sonidos para lograr con ellos provocar admiración, sentimientos, emociones. Es el manejo artístico de ruidos, sonidos y silencios. Volviendo a la metáfora de la pintura, sería el que se acerca al disfrute de aquellos cuadros por su color, su impronta, sus destellos, su frescura o su oscuridad, pero no por sus formas o figuras.

El radioarte concreto sería, entonces, aquel que explotando los elementos del lenguaje radiofónico se plantea el objetivo de contar algo concreto, identificable, en donde el contrato entre productor y consumidor está más claro, más anclado, donde los códigos compartidos están más explícitamente evidenciados. Siempre teniendo en cuenta que el radioarte es la expresión radiofónica que deja más libertad creativa al oyente, entendiendo en este caso por creación a la interpretación propia que se haga de ese contenido.

En este grupo podríamos poner las historias sonoras, aquellas historias que son contadas solo con sonidos, pero que tienen el objetivo de contar un argumento, tienen una estructura narrativa, tienen un discurso.

También aparecería la interpretación sonora de temas de interés social. Por más que esta expresión sea subjetiva, claro, al estar anclada bajo la égida de algún título sugestivo o un tema concreto de la realidad, sirve para decir algo nuevo o desde otro ángulo sobre el tema en cuestión. Y sirve, por ejemplo, para ilustrar informes radiofónicos, para usar como puente sonoro dentro de un programa radiofónico temático, por ejemplo. Treinta segundos o un minuto de sonidos que para el productor representen “la pobreza”, la corrupción” o “los derechos humanos” aportan otro punto de vista sobre un tema concreto y de interés social, pero desde la experimentación sonora.

También cabría en esta clasificación la manipulación (en el buen sentido) de voces de entrevistados, el collage, en donde valorando el ritmo y la musicalidad de las frases puede hacérselos hablar con otro atractivo, sumándole el valor estético que las citas textuales tienen, y aportando así también, con la forma en que han sido dichas, pero también con su contenido. Las entrevistas tienen contenido, pero también tienen forma, tienen música. Los efectos a la voz, los recortes, las repeticiones, los ecos, la combinación de la voz con un ritmo, son algunos recursos que permiten re-usar una entrevista desde un lado más experimental, y que éste siga aportando, desde otro lugar, a la comunicación de su contenido conceptual.

La respuesta, entonces, es que sí: puede el radioarte aportar su visión a la divulgación de temas de interés social. Puede y debe hacerlo. El radioarte no es solo bastión de artistas incomprendidos, lugar de expresión vanguardista elitista. El radioarte es una forma de combinar e inventar sonidos. Y la radio sigue estando al servicio de comunicar. Y en nuestra visión de aportar contenido para el cambio social, el radioarte puede ser protagonista.

¿Puede el radioarte tener fines sociales?

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